Originarios / Por Superficie Para el docente intercultural bilingüe Ariel Vera, "entender a la alfabetización como una herramienta liberadora, de resistencia al permanente avasallamiento del blanco y también de preservación de una cultura amenazada"; son los desafíos actuales del maestro indígena. “Ati”, como lo llaman sus alumnos y amigos, fue uno de los primeros educadores indígenas de Misiones. Llegó hace más de dos décadas junto a su esposa a la Aldea Perutí, comunidad mbya guaraní de la localidad de El Alcázar, donde vivieron por más de diez años y criaron a sus hijos. Allí “aprendimos a entender la vida de otra manera”, confiesa en esta charla con Superficie. De lunes a viernes de 7 a 16, el maestro trabaja junto a su esposa y otros catorce docentes -entre ellos tres auxiliares indígenas- en la enseñanza a cerca de 130 niños mbyás. Ati es integrante del equipo Misiones de la Pastoral Aborigen y del Movimiento Social de Misiones. Recuerda que “cuando llegamos a la escuela pensamos que iba a ser como trabajar en una escuela de colonia más, pero al poco tiempo me di cuenta de que es absolutamente distinto”. Con pocos años de experiencia laboral, llegó a la comunidad, “a trabajar con niños de otra cultura, completamente distinta a la del blanco, otra lengua y también otra estructura mental”. Señala que “no estábamos preparados para enfrentar esa realidad. Fue muy duro los primeros años”. Asimismo, resalta “la enorme paciencia que tuvo la comunidad de Perutí en tratar de comprendernos a nosotros, porque al comienzo, con nuestra mentalidad avasalladora, empezamos a querer transformar un mundo que no teníamos porqué transformar”.´ "Esos niños mbyas me enseñaron muchas más cosas de las que yo pude enseñarles. Ellos influyeron muchísimo más en mí que yo en ellos”, confiesa el maestro indígena. ¿Cuál es la misión de un educador intercultural bilingüe? Lo que más nos cuesta -y creo que es lo que debe hacer desde un principio- es poner la mente en blanco y aceptar a la comunidad tal cual es y no tratar de cambiar nada. Me parece que no hay nada para cambiar, porque si va a cambiar para peor mas vale dejar todo como está. Creo que es uno de los desafíos que tenemos los blancos. Muchos llegamos con la aldea queriendo cambiar todo, cuando no hay que cambiar nada. Creo que brindarse y dejar todo dentro de la comunidad es el gran desafío. Tenemos que darles herramientas a esos chicos para que puedan defenderse, enfrentar el mundo blanco que los avasalla, atropella y lleva por delante. Entonces, la misión es llevar la educación para la resistencia, para que puedan hacer una lectura crítica de la realidad que los rodea.
Otro desafío es hacer que valoren su propia cultura y reafirmar sus valores. Amar verdaderamente lo suyo y desde ahí enfrentar al mundo blanco, porque lo van a tener que hacer. Hay demasiadas cosas en el mundo que hacen que se desvalorice lo de ellos y por eso ocurre que empiezan a buscar en nuestra cultura cosas que no les son propias. Las comunidades se dan cuenta de que la educación es la gran herramienta con la cual ellos van a poder sobrevivir. Si ellos reconocen cuáles son sus valores culturales y los afianzan, tal vez no van a perder el monte, sin el cual ellos no van a poder sobrevivir, porque ellos son el monte. Por eso, creo que hay que estar dispuestos a dejar que esa cultura te invada. Eso no significa dejar de ser lo que uno es. Yo no dejaré jamás de ser blanco y jamás seré un mbyá, porque son dos culturas absolutamente distintas; pero tengo que ser lo suficientemente permeable para ayudar a esa comunidad y crecer como persona. Eso lastimosamente no ocurre todavía. ¿Qué cambios observante al interior de las comunidades en los últimos veinte años?
Las comunidades de hoy no son las de hace veinte años. Cambiaron muchísimo, porque la invasión de los blancos es terrible. La invasión se da con televisores, dvd’s, el alcohol que se da con un grado de consumo mayor, celulares, equipos de música, el acceso del dinero a través de planes sociales, casi la obligación de salir a trabajar día a día para tener el sustento diario, porque ya no tienen tierras, o porque la nuevas generaciones, que crecieron con el desmonte, no aprendieron de sus padres lo que es cultivar la tierra.
Hay muchas cosas que cambiaron, y por eso la escuela, dentro de la comunidad, tiene que reflexionar sobre lo que está haciendo. El docente tiene que reflexionar día a día lo que esta haciendo. Cuestionar lo que esta haciendo. Hoy por hoy, trabajar en la comunidad es todo un desafío
Hay que aprender a cuestionarse todo. Y a dialogar profundamente con la comunidad, porque sino se pueden cometer muchos errores, y los errores pueden costar muy caro.
Bartomeu Meliá dice que las escuelas en las comunidades son como un bisturí: cualquier mal movimiento puede matar. Y yo estoy absolutamente de acuerdo con eso, por eso necesitamos docentes reflexivos, una escuela reflexiva.
No puede ser una escuela más, como de las ciudades o las colonias, porque si hace eso seguro se esta equivocando el camino. Esto no significa que las escuelas de las comunidades tengan que tener contenidos mínimos, se debe buscar la excelencia, en todos los sentidos, no es fácil, sobre todo teniendo todo lo que estamos teniendo.
¿Cuáles son las dificultades que debe enfrentar el maestro indígena?
Las escuelas no cuentan con las condiciones mínimas de higiene, ni muebles, ni agua, no les alcanza el presupuesto para dar de comedores escolares.
El tema del agua es terrible en la aldea Perutí, nos vimos obligados a hacer cisternas y dependemos del agua de lluvia para limpiar la escuela. La limpieza la hacemos junto a los alumnos, tenemos baños instalados, pero no los usamos nunca porque no hay agua.
El comedor funciona, pero no es la comida que quisiéramos darle, funciona, no comemos mal, son comidas sencillas, el guiso de arroz y de fideo es un menú que se repite.
¿Qué logros se alcanzaron en materia educativa dentro de la aldea?
Logramos que el interés de los padres vaya más allá de mandar a los chicos a la escuela. Hoy por hoy, uno de los máximos logros es que los padres ven a la escuela como un arma para el futuro, para la resistencia.
Hoy muchos chicos que fueron nuestros alumnos están en el secundario y otros se muestran decididos a ir a la universidad. Cuando se pregunta a los chicos porqué estudian responden “para ayudar a mi comunidad”.
Ojala esta sociedad blanca no los corrompa, y vuelvan a su comunidad y puedan ayudar a resistir el avasallamiento del mundo blanco tan cruel que está a su alrededor.
¿En qué condiciones llegan los nuevos maestros interculturales a las aldeas?
Sin la debida capacitación. Es quizás la tarea pendiente para alcanzar una verdadera escuela intercultural bilingüe. Necesitamos maestros que se preparen para enfrentar esa realidad, y también que la comunidad tenga líderes educativos capaces de llevar adelante esa tarea. Creo que se dio un pequeño paso, pero falta muchísimo. Los docentes llegan a las aldeas sin ninguna preparación y se desayunan que tienen alumnos que ven al mundo desde otro punto de vista.
Para eso falta comprender que los blancos no somos la única cultura. Debemos aceptar que hay otras, con valores y antivalores, como los nuestros, y muchas veces mejores que los nuestros.
Nosotros trabajamos solos durante diecisiete años. Nos juntábamos con docentes de otras escuelas los primeros años a ser paños de lagrimas unos de otros. Intentábamos, a partir de nuestras experiencias particulares, esbozar algo para la educación intercultural. Pero pese a esos intentos, y a golpear muchas puertas, nunca conseguimos nada del gobierno.
Actualmente existe en la provincia un equipo técnico, que tienen que reconocer que lo que saben lo aprendieron de nosotros, y de las comunidades. Los primeros pasos los dimos nosotros.
También es un logro importante que haya auxiliares docentes indígenas trabajando en la mayoría de las escuelas indígenas, acompañando a los docentes con un mínimo de preparación, pero una preparación al fin.
|