En un año y medio de lucha, de resistencia en las rutas, calles, veredas de los bancos, de dolorosas marchas, de huelgas de hambres, de pequeños y grandes triunfos los trabajadores de los yerbales de esta zona pusieron en agenda, mucho antes que el gobernador, la pelea cotidiana que dan contra el hambre. Una pelea impregnada de la dignidad de los que se oponen a ser considerados “nadies” y que a fuerza de plantar el cuerpo, donde tiene que estar: están dando batalla a un Modelo Productivo empecinado a arrasar con ellos y ocupar definitivamente sus territorios.
“Los Tareferos son el último grito, acá en el norte, contra el avance del Modelo Pastero, que concentra la tierra, expulsa a los pequeños productores de sus chacra y obliga a los trabajadores a ir a las Villas miserias. Si no discutimos el monocultivo vamos camino al hambre. En Montecarlo perdemos mil hectáreas de yerba por año en manos del monocultivo de pino, el pino no produce la misma cantidad de mano de obra que produce la yerba. La yerba es el último grito desesperado contra el monocultivo, es la última resistencia contra el HAMBRE”, se escuchó denunciar una y otra vez a los trabajadores y las organizaciones sociales que acompañaron esta lucha.
La casa propia, la casa nuestra, dirían ellos es un espacio también conquistado. En el que convivirán las actividades propias de un sindicato en formación, el Movimiento Social de Misiones y la filial de una Central de Trabajadores que en el Norte tiene su propia impronta.
Espacio autogestionado que servirá para la formación, la discusión política, las asambleas de trabajadores y sobre todo para el encuentro de quienes hicieron, hacemos, de la resistencia y no resignación, una forma de lucha.
En poco más de un año, los tareferos no sólo nos gritaron en la cara que el hambre es parte de sus vidas desde hace muchos años, también dejaron claro que la opción de morir lentamente en sus casas ya no es parte de sus vidas. Por eso la demanda franca y creativa para el respeto de sus derechos fundamentales, sumados a una denuncia honesta de las condiciones laborales que durante décadas se naturalizaron en nuestra provincia.
En todo este tiempo la legalidad y legitimidad de sus reclamos fue reconocida por la propia Justicia. “Es el sector de los trabajadores más vulnerables de la provincia”, advertía el Juez Federal José Luís Casals en el fallo que obligó a la ANSES a cesar con los descuentos de las asignaciones familiares. La organización y el acompañamiento de movimientos sociales, gremios, profesionales y ciudadanos comprometidos permitieron que la ANSES reconozca el “perverso error” y hoy muchos están volviendo a cobrar lo que por derecho propio les corresponde, para eso trabajan, en las condiciones que ya sabemos, día a día en los yerbales.
La Usina Cultural y Política también es un espacio para el encuentro con esta comunidad, de la cual forman parte estos trabajadores y sus familias. Comunidad que acompañó en los momentos más difíciles de la lucha y pudo comprender la necesidad de comprometerse para que años de explotación y atropello no sigan formando parte de la historia cuando dentro de diez años, esta ciudad esté festejando el centenario de su fundación.